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TECNOLOGÍA GANA LA PARTIDA, BIBLIOTECAS DESOLADAS EN SAQUISILÍ.

TECNOLOGÍA GANA LA PARTIDA, BIBLIOTECAS DESOLADAS EN SAQUISILÍ.

Foto: Marco Chasi, está al frente de la Biblioteca Municipal durante 22 años.

Sentado en un escritorio, la mirada de Marco Chasi, se pierde en las cuatro paredes de un espacio que alberga al menos, 1200 libros que dejaron de ser consultados aún antes de la pandemia; la tecnología le jugo chueco a la consulta en textos; fue como el coqueteo con lo fácil, lo banal, aquello que se muestra mejor, pero no lo es.

En la Biblioteca Municipal de Saquisilí, atrás quedaron los días, cuando los niños y jóvenes hacían fila esperando un turno para poder acceder a los textos más demandados en consulta. Marco atiende el lugar desde hace 22 años. El más requerido era la famosa y miedosa Física de Schaum, sin olvidar al de Acosta, el Algebra de Baldor, la Química de Armendáris, “pedían mucho, se extrañan esos tiempos”, suspira.

Su recuerdo evoca nostalgia; desde que reabrieron el centro en junio de 2020, son máximo tres usuarios por día que llegan en busca de libros. Lo que si tiene demanda es el “vecino”, el infocentro que junto a la Biblioteca Municipal se llena.

“No es culpa de los estudiantes, es el sistema”, defiende Marco, mientras analiza que más allá del telestudio, los docentes pueden requerir a sus alumnos que busquen información en los libros para que no pierdan la sana costumbre de investigar y tenerlo todo listo en el increíble universo del internet.

Marco tiene 66 años y esta pronto a jubilarse, en su retina guardará los momentos de una generación que ya no existe. Lamenta como desde hace ocho años, la biblioteca Municipal fue trasladada de un espacio amplio que ocupaba en el Palacio Municipal a otro más pequeño, donde apenas pueden ingresar unas 10 personas. En las sillas se pueden acomodar cinco. Así como se restó espacio físico a la biblioteca, también se le restó espacio emocional, ya no existe en el imaginario de los más jóvenes.

Daniela Pruna tiene 13 años, es del barrio Tambillo del cantón. Sus padres le contaron que de niños y jóvenes realizaban sus consultas en los libros en bibliotecas. Sin embargo, a Daniela no le interesa mucho. Tiene megas ilimitadas en su celular, desde ahí maneja todos los programas para hacer y enviar sus tareas. Aunque parezca extraño, pasa todos los días frente a la Biblioteca Municipal, pero nunca ha entrado, tampoco planea hacerlo, no le hace falta, nunca conocerá el aroma de los libros y el encanto de las palabras impresas.

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