ROSTROS SUFRIENTES

INFORMAR Y OPINAR

Foto: Eduardo Guerrero, educomunicador.

El mundo está lleno de rostros sufrientes. Niños y jóvenes sumidos en la pobreza, desnutrición, marginados de la educación y sin acceso a atención médica. Mujeres sin trabajo, subvaloradas por su familia, son el soporte emocional para su hogar. Ancianos sin las atenciones para tener una vejez digna. Padres de familia sin trabajo, subempleados o con actividades informales imposibilitados de cubrir las necesidades de las personas que están bajo su responsabilidad.

Rostros de pobres e indigentes, personas en movilidad desplazadas por diversos conflictos, pueblos originarios atropellados en su cultura y hábitat, enfermos sin acceso a la salud que es su derecho, pueblos golpeados por la violencia, guerra, habitantes del sector rural, suburbios que viven en situaciones infrahumanas. Rostros y más rostros.

La brecha que se acrecienta cada vez más entre ricos y pobres; una cultura que quiere ocultar a esos marginados, desatenderlos o poniendo parches supuestamente para atender a sus necesidades básicas; sin comprometerse con la dignidad de los desprotegidos; actores y cómplices los gobiernos, los ciudadanos, los ricos y una sociedad carente de solidaridad.

En estos rostros sufrientes encontramos a Cristo en su pasión y muerte que revivimos en esta Semana Santa. La persona, el proyecto, la palabra de Jesús cobra sentido en los hermanos. Amarnos los unos a los otros como él nos amó, es el mandamiento. No es posible amar al Señor que no vemos, sino amamos al prójimo.

Somos testigos que gobierno y asambleístas pelean por mantener el poder personal y de grupos; esos desacuerdos en nada cambian la situación social, económica del pueblo ecuatoriano que necesita atención a las necesidades básicas para salir de la pobreza fruto de las desigualdades generadas por los mismos que se rasgan las vestiduras.

Es puro teatro amplificado por la complicidad de la mayoría de medios de comunicación y redes sociales. Esto es sólo un ejemplo de que muchos gobernantes no aman al prójimo, por ende, no aman a Dios.

La Semana Santa es la oportunidad para abrir nuestro corazón y dejar que él hable de su generosidad amorosa, porque el cambio inicia desde el interior, sin ser indiferentes ante lo que sucede en el mundo. Quizá el consumismo hace que prioricemos lo material, pero esta semana es la ocasión de recogimiento, de oración y meditación personal para no caer en los pecados mundanos.

Nos invita a una reflexión profunda haciendo un alto a nuestra vida agitada por las labores en el hogar y el trabajo, para observar el interior de la conciencia el desarrollo como persona. Tiempo de reconciliación con nuestros hermanos, para dejar las desavenencias e iniciar una nueva etapa de paz consigo mismo y con los demás.

No podemos perder la esperanza y la fe, que superaremos el viacrucis de nuestra vida y los problemas que aquejan a la humanidad.

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