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¿Qué nos deja al país 14 años de despilfarro?

Heredamos una deuda de 60 mil millones de dólares y aun con la incertidumbre del ¿Qué pasará? en esta contienda electoral, los ecuatorianos anhelamos mejores y prósperos días para el país, desde nuestro inconsciente nace el pensamiento de que un nuevo gobierno, puede resolver el área social afectado en esta pandemia, principalmente el trabajo.

Pero los desafíos a los que se enfrenta el próximo gobierno, no solo es la falta de gobernabilidad; por cómo estará conformada la nueva Asamblea Nacional, ni la pandemia del covid-19, sino la gran deuda externa e interna que hoy bordea los 60 mil millones de dólares. Una deuda que se hace extensiva hacia los próximos gobiernos, pero también a cada uno de los ecuatorianos.

La medida que se ha optado en estos últimos 14 años, para atender el área social y entregar una salida a los problemas económicos del país, es el agresivo endeudamiento a nivel internacional y acompañada de esta, la venta de los activos estatales como forma de cubrir las deudas, siendo la principal palanca para salir de la crisis una supuesta inversión extranjera que, hasta el momento, no llega.

El verdadero desafío que debe enfrentar el nuevo gobierno es ¿Cómo evita la política de endeudamiento y activa la producción en el país? Lo cual es posible, si se revisa el presupuesto para el 2020 se comprueba que el país destina más de 12 000 millones de dólares al pago de la deuda, al momento de la crisis de pandemia se habían pagado unos cinco mil millones, lo cual deja unos siete mil millones disponibles.

Este monto debe ser destinado al área social, a través de créditos a muy bajo interés, para ayudar a las pequeñas microempresas y pequeños negocios, que constituyen una fuente de trabajo a varias familias ecuatorianas. Como otro eje principal y urgente la reactivación del campo y otorgar el valor agregado a los productos para consumo nacional e internacional.

Hoy, es necesario pensar en la moratoria de la deuda que significaba negociar con los acreedores para no desembolsar ningún valor e invertirlos en las necesidades sociales, para luego, una vez superada la crisis, continuar con los pagos. Caso contrario la política de endeudamiento agresivo, sin inversión, nos pasará una factura con altos intereses a todos los ecuatorianos.

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