PROVINCIALIZACIÓN Y SUEÑOS

INFORMAR Y OPINAR

Foto: Eduardo Guerrero, educomunicador

Los seres humanos soñamos dormidos o despiertos. Soñamos en proyectos de vida como persona y familia; con estudiar para luego trabajar, tener una casa, un carro y lo indispensable para vivir; que los hijos se desarrollen en su vida laboral o familiar. En fin, somos soñadores porque tenemos esperanza.

Cotopaxi, cumple un año más provincialización; creada como provincia de León el 1 de abril de 1851 con los cantones de Latacunga y Ambato; para luego este último, en 1860, separarse para crear la provincia Ambato que luego tomaría el nombre de Tungurahua.

Luego de 171 de provincialización, los habitantes de esta provincia soñamos que cambie la realidad en que vivimos. En autoridades que verdaderamente nos representen y sean nuestros administradores de los bienes económicos, materiales e inmateriales; con un desempeño apegado a las normas éticas; que no se sirvan del cargo para ellos beneficiarse y beneficiar a particulares.

Una provincia que fomente buenas prácticas para cambiar la situación de inequidad que afecta al ser humano y a la naturaleza, con la responsabilidad compartida y participativa de las instituciones públicas, de las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado; una trilogía indispensable para buscar mejores días para sus habitantes.

Imaginemos nuevos escenarios distintos a la realidad en que vivimos, soñemos utópicamente que habrá educación y salud de calidad; dos puntales para el desarrollo de la humanidad; pero unidas a luchar contra la pobreza e indigencia de muchos cotopaxenses sin recursos económicos para atender sus necesidades básicas.

En una sociedad organizada en asociaciones, colectivos y otro tipo de mancomunidad que discute y promueve propuestas, que exige a los gobernantes el cumplimiento de sus ofrecimientos y de sus planes de gobierno plasmados participativamente con los mandantes.

Soñemos con nuevos liderazgos, formando y promoviendo a individuos y colectividades, para desterrar a los interesados en mantenerse en el poder político que hasta ahora no han salvado a la provincia. Lo que vivimos en el pasado sea una lección para no repetir en el futuro.

Soñamos con el respeto a la naturaleza, haciendo buen uso de lo que nos regala; no contaminando el agua, aire y suelo; siendo administradores, no depredadores de la riqueza que contamos par el bien de la humanidad y para el desarrollo de los ecosistemas. Una ecología integral que une umbilicalmente a la persona con la naturaleza.

Soñar no cuesta nada, soñando se configuran pensamientos y acciones que luego se convierten en realidad en lo social, cultural, económico y político. Soñemos con la convicción que una nueva sociedad es posible, que otro mundo es posible configurado de manera válida y legítima con muchos sueños individuales y colectivos.

Soñemos en una comunidad cotopaxense de paz, amor, seguridad, tranquilidad, igualdad y equidad; fortaleciendo e impregnando los valores humanos y cristianos que son los puntales para mantener a la humanidad en armonía a las personas, familias, comunidades y el país. (O)

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