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«ESCUCHAR PARA DIALOGAR»

INFORMAR Y OPINAR

Foto: Eduardo Guerrero Guevara, comunicador y pedagogo

La humanidad, a diferencia de los otros seres vivos, tenemos la capacidad de raciocinio para relacionarnos con nuestros semejantes; poniendo nuestras capacidades aportamos para el bienestar de la sociedad o en condiciones adversas, generaremos conflictos y rupturas en el convivir.

Para dialogar, primero hay que escuchar; una comunicación de doble vía donde cada uno emite sus pensamientos, ideas, propuestas y soluciones. Siempre digo que tengo unos oídos grandes y una boca pequeña, para escuchar, escuchar y escuchar; desde la escucha, conversar, platicar y preguntar; construyendo conocimientos y alternativas.

La pedagogía de la escucha es la base para el diálogo democrático familiar, social y político; en condiciones de iguales se encuentran sin prejuicios en la búsqueda común de soluciones. Hay que aprender a escuchar los diversos sonidos existentes, no sólo mediante la palabra, sino también con otras formas y modos de expresión presentes en el territorio, es la propuesta de una docente universitaria mexicana, enfatizando que la acción de escuchar es prioritaria para desprender un sistema colonial impuesto por siglos. Oír, escuchar, entender y comprender

La democracia representativa vuelve a sus mandantes, para que, en constante escucha y diálogo ejerzan la democracia participativa. Las autoridades cumplen con su papel de ser los mandatarios para desempeñar el papel de administradores de los recursos confiados en la construcción de un modelo de sociedad acorde a los clamores de los más pobres y vulnerables.

Escuchar a los movimientos y organizaciones comunitarias y sociales; a los actores políticos y los que mueven la economía; a los grupos generacionales; las demandas por trabajo, educación, salud, seguridad, mejores niveles de vida. Reclamos por mejorar la gestión de los gobiernos y del Estado; destierro de la corrupción y otros valores éticos que están en decadencia; en fin, escuchar absolutamente a todos.

Escuchar sin prejuicios sociales, culturales o étnicos; ejerciendo el poder a favor del pueblo y no de intereses particulares; pasando de una sociedad piramidal a una sociedad comunidad donde todos son iguales en derechos y obligaciones; porque aquel que escucha es capaz de dialogar, consensuar y construir en conjunto para el bien de todos.

La escucha impulsa al diálogo y el diálogo genera diálogo. Situándonos en la célula de la sociedad, que es la familia; estas son las condiciones mínimas para construir fraternidad en sus miembros. Recordemos que la desintegración familiar y algunos problemas que enfrenta la familia hoy en día, es la falta de escucha y dialogo. Cada miembro es una isla sin esa interconexión que es la comunicación.

Esto se reproduce también en la sociedad, instancias públicas y privadas que practican la cultura del monólogo; ignorando propuestas, opiniones, criterios, iniciativas, experiencias, miradas y más aportes para el encuentro.

La escucha y el diálogo generan el encuentro; el eslogan escogido por la actual administración del Poder Ejecutivo del país es: “el gobierno del encuentro”. El Papa Francisco desde el 2013 que inició su pontificado, enfatiza en “la cultura del encuentro”. Cierro este segmento de opinión con las palabras del pontífice “… hablar de “cultura del encuentro” significa que como pueblo nos apasiona intentar de encontrarnos, buscar puntos de contacto, tender puentes, proyectar algo que incluya a todos. Esto se ha convertido en deseo y en estilo de vida.

El sujeto de esta cultura es el pueblo, no un sector de la sociedad que busca pacificar al resto con recursos profesionales y mediáticos… Ignorar la existencia y los derechos de los otros, tarde o temprano provoca una forma de violencia, muchas veces inesperada.” (O)

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