ESCUCHAR A LOS VULNERABLES

INFORMAR Y OPINAR

Foto: Eduardo Guerrero Guevara, educomunicador

América Latina en los últimos años del nuevo milenio, ha tenido subidas y bajadas en su economía; no hay una estabilidad continental, cada país tuvo sus particularidades dependiendo de las políticas públicas que los gobiernos adoptaron según su línea ideológica. La pandemia del Covid-19, golpeó a la población vulnerable, acrecentando la brecha de la pobreza.

Llama la atención sobre la magnitud y profundidad de esta realidad que sacude a la región en el campo social; organismos como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y el Banco Interamericano de Desarrollo, advierten a los Estados su intervención para resolver las inequidades; entre ellos la pobreza crítica y la mala distribución del ingreso que son detonantes y ponen en peligro la democracia y la gobernabilidad.

Pero es evidente que la pandemia dejó nuevos ricos que se beneficiaron de las necesidades y el dolor de las personas; así las farmacéuticas, los fabricantes de tecnología, las empresas proveedoras de internet y el sector alimentario consiguieron millonarias ganancias; muchos gobiernos no se atreven exigirles que compartan como algunos ya lo hicieron.

Estas alertas se patentizan en nuestro país; está a la luz pública la realidad vivida en los últimos años; todo ha subido, hay incremento de los precios de los artículos de primera necesidad; se advierte que la inflación con relación a mayo año anterior bordea el 3,38%, en una economía dolarizada es muy alta. La inflación es un impuesto indirecto al pueblo.

La salud, de un derecho pasó a ser un lujo; incremento en los precios de los medicamentos; carencias en el sistema público que no cuenta con medicinas, equipamiento médico insuficiente y de mala calidad, deficiente infraestructura física, falta de profesionales.

Problemas en la educación, nuevos pobres, deterioro de la familia, incremento de la criminalidad, el círculo perverso de la exclusión, desempleo e informalidad en el empleo son parte de los problemas que advierte la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para Latinoamérica.

Lo anterior se aplica al caso ecuatoriano, pero hay más: el plan de ajuste económico acordado con el Fondo Monetario Internacional con recaudación de más impuestos para pagar la deuda externa, quitando el presupuesto para la inversión social.

Estas inequidades crean las protestas y otros conflictos; para ser justos y coherentes, hay que trabajar por el bien común; respetando todas las posiciones, escuchando las propuestas y demandas, encontrando colectivamente las soluciones a los problemas, dejando la tozudez y optando por posiciones para el encuentro. Si no hay encuentro surge la lucha social.

Escuchar antes que hablar, es la clave para una buena comunicación. Escuchar a todos los sectores porque el país es diverso y pluricultural; pero sobre todo escuchar a quienes están en estado de vulnerabilidad por desigualdades culturales, sociales, económicas y políticas; uno de ellos son los pueblos y nacionalidades indígenas del Ecuador. (O)

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