EL JUEZ DE LA PRENSA

Eduardo Vargas

Foto: Eduardo Vargas, abogado en libre ejercicio

La ciencia penal lo llama criminalidad mediática. Es decir, que el proceso judicial que debe realizarse por el órgano de justicia lo termina realizando con base en lo que los medios dicen y no necesariamente a la prueba obtenida y aportada en el proceso.

Hoy en día hemos visto por redes sociales el peso que tiene la prensa en casos que se han vuelto mediáticos para lograr sentenciar, es más, muchas veces la prensa ya conoce como va a dictar la sentencia sin que la sentencia se haya ni siquiera dictado, es que los jueces tienen miedo a ser criticados públicamente y no solo por cuidar su imagen, sino porque el organismo que los califica actúa con base a la opinión pública, para ello hay varios ejemplos.

El caso más cercano en nuestra Latacunga, el proceso del señor Patiño, las redes sociales rebosaron y la Juez se sabe que fue investigada, pero nadie verificó si actuó dentro del rango legal y que posiblemente la Fiscalía fue la incorrecta.

El proceso de joven Piña, que fue sentenciado en ese momento por femicidio, según la prensa, y de quien hoy, los mismos medios de comunicación que lo juzgaron, reclaman por su inocencia y el pésimo manejo del expediente.

Los casos expuestos tienen un denominador común, que es el aparente desapego a la técnica y que sus resultados tienen que ver con la opinión pública que con las pruebas aportadas al proceso. Resulta que al final del proceso se han olvidado los juzgadores de la teoría del árbol envenenado, el proceso se contamina y las sentencias culminan de manera injusta y criticable, al punto de sentenciar a seres inocentes.

Los diferentes medios de comunicación tienen una gran responsabilidad frente a cada acto. Los noticieros no informan sino realizan criterios creando opinión.

Lastimosamente el Consejo de la Judicatura debe apoyar frontalmente a los jueces y para hacerlo, debe elegir jueces de categoría, probos y con capacidad técnica, más aun si se va hablar de jueces anticorrupción.

Entendamos que si existe un sistema fuerte no habrá poder mediático ni redes sociales a que tener miedo, mucho menos amilanarse, pero eso lo conocen quienes hemos litigado, pero existen autoridades que ni siquiera han realizado un escrito fijando casillero judicial.

El criterio popular no sería influenciable si el sistema judicial fuera efectivo, si por lo menos hubiera algún vocero que tenga informado adecuadamente a la ciudadanía acerca de los juicios y lógicamente siempre que existan leyes eficaces en toda la amalgama de leyes existentes.

Los ciudadanos debemos entender que no todo lo que se dice en 500 caracteres o lo que dicen en la TV es lo que se encuentra en el expediente judicial o fiscal, además, de comprender que no toda persona que se encuentra sollozando es estrictamente la víctima y que una persona con mal genio es el delincuente.

Asimismo debemos darnos cuenta que no siempre el resultado de un hecho hace que ese suceso sea delito, es decir, una mujer embarazada no quiere que haya sido violada o que una mujer que aparezca muerta no es en estricto derecho un femicidio. Para ser más didáctico, que un joven viva drogado no quiere decir que sea narcotraficante.

Los medios explotan el resultado pero nunca indagan sobre las circunstancias. El embarazo puede provenir de una relación amorosa y voluntaria. Una mujer muerta puede haber sido víctima de homicidio o asesinato y no de femicidio solo por ser mujer. Un drogadicto es un enfermo más no criminal.

La función judicial debe fortalecerse. Los medios de comunicación deben ser más profesionales en cuanto al tratamiento de la información. Los ciudadanos debemos aprender a pensar por sí solos, únicamente de esa manera podremos llegar a la verdad de cada uno de los hechos. (O)

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