EL AMOR EN ÉPOCAS ELECTORALES

Eduardo Vargas

Foto: Eduardo Vargas, abogado en libre ejercicio

Cual jovencillo de secundaria el candidato ofrece amor eterno a sus electores, es decir, el oro y el moro con tal de conseguir su pack de votos. Nosotros los electores, le hacemos brillar los ojos, y nos dejamos seducir de sus esplendorosas propuestas, aunque muy en el fondo sabemos que nos pondrán los cuernos al cabo de un tiempo. Es que, como chiquillos, creemos que se puede vivir del amor o de un simple ideal. Buscamos un príncipe a caballo y solo encontramos oportunistas en burro.

Tenemos varios candidatos que son como las ex novias: buscan volver, pero no saben cómo llamar la atención. Se promocionan hasta pidiendo perdón en los medios de comunicación por los actos cometidos en sus buenos tiempos, pero no se acuerda que en esos buenos tiempos siempre hubo un buen precio. Y en la política, así como en el amor eso del “más vale malo conocido” simplemente no es válido, porque se conoce que esas viejas malas mañas solo se tranquilizan por un momento, pero jamás se cambian.

Otros asoman como supuestos nuevos, esos candidatos son como esa jovencita alhajita, popular y nueva, que no te sientes atraído porque sabes que puede tener algún mal antecedente y por eso no le pones tanto esmero. Además, sigues todavía golpeado por las diferentes vivencias pasadas con tu ex y por eso no quieres saber mayor cosa; es como lo que suelen decir “no eres tú, soy yo” Sin embargo, ese riesgo podría hacernos perder algo bueno.

No debemos cegarnos y decir que no hay candidatos distinguidos, sí existen candidatos nobles, gente con alto sentido de latacungueñismo, pero se ven como la chica menos agraciada, pero de buenos sentimientos a la que le gustas, pero no puedes dejar que las personas te vean con ella porque se te arruina tu buena reputación. Es que no es popular y no se vale arriesgar.

Por otra parte hay candidatos que simplemente están parados ahí como postes, que no pintan absolutamente nada, porque no sirven ni para lanzar un ligero coqueteo, solo sirven para “el remo” comen y bailan gratis. Saben que no van a conseguir nada, pero se dan un baño de popularidad.

Es igual que en una fiesta, hay personas buenas, malas, bronquistas, guapas, feas y las que pasan desapercibidas, pero siempre tienes que escoger a alguien para bailar, porque si nos quedamos sentados simplemente no conseguimos nada. La fiesta se la hace bailando, porque si nos quedamos sentados, no tendremos ni si quiera opción a opinar. Es por ello que debemos definirnos por algún candidato y apoyar.

El problema es que a la fiesta está llegando demasiados candidatos y existe un quemeimportismo por parte del dueño de la fiesta y por los que están dentro de la fiesta que no les importa el tipo de fiesta que se está volviendo. Es una fiesta de chiquillas coquetas con poquísimas personas interesadas en ellas. Cuando el local está lleno de demasiadas jovencillas coquetas y vacío de gente interesada ya no es una fiesta, es un prostíbulo.

Así es como se encuentra nuestra política local, y es nuestra culpa como ciudadanos, porque no queremos separar a los oportunistas. No queremos atacar frontalmente a esos corruptos, es más, se atreven abrir consultorios jurídicos gratuitos para denunciar a esos corruptos, pero denuncian y dejan botadas las denuncias, es más, ni si quiera opinamos contra los negociantes de votos ni reclamamos a los mentirosos. Es así que las princesas ya no desean ir a las fiestas porque está lleno de gente indeseable. Los buenos ciudadanos no quieren lidiar elecciones, porque no hay apoyo popular y no pueden pelear con chequeras de oportunistas, mucho menos con grandes colaciones emanadas de sus auspiciantes o negociadores de apellidos rimbombantes.

Aún quedan candidatos buenos. Están dispuestos, un poco ocultos. Nosotros, los ciudadanos, tenemos que llevarlos a la fiesta y hacerlos bailar. Tenemos que apoyarlos abiertamente, agruparnos con ellos, y sacar a las fieras, locas, mentirosas, fantoches y a las coquetas. Estamos a tiempo, caso contrario nos tocará bailar con las arrepentidas, las locas, las desvergonzadas, las dulce sueños, oportunistas o ladrones, es decir, con cualquier cosa. (O)

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