«CUESTIÓN DE PRINCIPIOS»

Eduardo Vargas

Foto: Eduardo Vargas, abogado en libre ejercicio

En este nuevo año se debe diferenciar entre ser leal y ser fiel. La fidelidad es una actitud de una persona en comprometerse en referencia a ideas u obligaciones que se asume mientras que, la lealtad es sinónimo de rectitud, honradez, nobleza, es decir, un apoyo constante a una persona o institución y nunca darle la espalda a aquello que se reconoce como importante en la vida de una persona.

Lo antes mencionado lo realizó en virtud de la época electorera, en que posiblemente observaremos ciertas alianzas que quizá se realicen, y estaremos de acuerdo que muchos actores políticos son fieles a un actor político superior. La fidelidad se encuentra a una sola persona, mientras que la lealtad se otorga sobre una idea. No queremos personas serviles a tal o cual actor, sino administradores leales a una idea de ciudad y provincia, que no les pese excluir sus fieles amistades por una lealtad a sus principios.

Nosotros como electores estamos en la obligación de saber identificar esos principios que supuestamente los pre-candidatos y luego los candidatos oficiales siguen. Este asunto no se trata de ser de derecha o de izquierda, porque estos principios se dan en la época de crianza; valores como el trabajo duro, honesto y transparente y el amor por nuestra ciudad y provincia (Cotopaxi), lógicamente que se tornará difícil identificar esos valores en la sabana de candidaturas y en las que muy pocos buenos conocidos y otro tanto de pícaros participarán.

Recuerde la ideología cede ante la necesidad, por ende no es factible hablar de ideología. Hoy en día que debemos vivir en austeridad, se necesita de manera imperante ser guiados por una derecha, independientemente de lo que digan los corazones socialistas, por ende, no debemos permitir que vengan otra vez a repetirnos los discursos izquierdistas donde nos venden únicamente beneficios sociales a costa del dinero del Estado, dinero que no hay. Es por simple lógica, cuando no se encuentra bien el negocio, gastas menos, punto. No dista en el Gobierno porque es igual. Cuando no hay plata se debe limitar el gasto social y preferir la inversión productiva. Vuelvo a repetir no es cuestión de ideología, sino de una necesidad.

No busquemos salvadores o pseudos ideólogos, porque ya se encuentra bastante prostituido. Busquemos realidades y aplicarse a nuestro día a día. Exijamos a los candidatos respuestas claras y reales a cada problema local que conocemos y vivimos.

No nos perdamos en fidelidades ilusorias a tendencias políticas de hace siglos atrás. Busquemos lealtad a un plan de trabajo objetivo que asegure mejorar la presente realidad económica y a nuestra organización interna. Mucho ojo en el discurso de, “voy a mejorar la seguridad de la ciudad” preguntemos ¿cómo lo van hacer? ¿Qué ordenanza modificarán? ¿Cómo piensan articular la planificación nacional? Incluso y creo lo más importante ¿qué persona estará en ese cargo?, es que si decimos que la administración pública se parece a la administración doméstica, y si se piensa enviar a estudiar a un hijo a una Universidad Privada o al extranjero lo menos que preguntará tu hijo es ¿cómo pagará mi papá la U?. Entonces hagamos lo mismo con los candidatos.

De esta manera debemos dejar de ser fieles a un candidato, solo que le dio trabajito al pariente, o porque arreglo la vereda del barrio o hizo cualquier chaupi obra. Debemos ser leales a la ciudad y sobre todo leales a nuestra realidad. Recuerden que en la política no importa lo bien dicho ni mal dicho, sino lo conveniente.

Pensemos más allá de nuestro metro cuadrado y pensemos en la ciudad como concepto, porque está mal pensada y aceptemos que necesitemos un cambio radical, que es imposible hacerlo con los mismos nefastos de siempre o peor, con quienes ya estuvieron y no demostraron nada, nulos de capacidad y pobres de ideas.

El momentos que se nos viene es crítico por lo que tenemos que empezar a demostrar si queremos una mejor ciudad, si en realidad queremos crecer y ser mejores, o si somos unos pobres y tristes electores y que nos merecemos los pésimos administradores que hasta el sol de hoy tenemos. Solo depende de nosotros, de nadie más.

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