ASI SE VIVIÓ LA TRANSMUTACIÓN DEL CAOS A LA NORMALIDAD EN LATACUNGA

ASI SE VIVIÓ LA TRANSMUTACIÓN DEL CAOS A LA NORMALIDAD EN LATACUNGA

Foto: En el barrio La Estación.

A las 11:50 del jueves 30 de junio, mientras se desarrollaba el ansiado diálogo entre las organizaciones indígenas lideradas por la Conaie y el Gobierno Nacional; varios medios tradicionales anunciaron el fin de paro.

Con la velocidad que genera el internet en la sociedad de la inmediatez, la noticia se visualizó en cuestion de segundos. Los pocos carros que transitaban hacían sonar sus bocinas; había júbilo, además de abrazos y comentarios de transeúntes que le dieron a Latacunga un intervalo de alegría.

Intervalo que no duró más allá de cinco minutos; camiones llenos de manifestantes inundaron nuevamente las calles, «cierren los locales compañeros, el paro continúa», decían en alta voz, dejando perplejos aquellos que no terminaban de abrazarse. Enseguida la Conaie emitió un comunicado acaclarando que los dirigentes sociales e indígenas aún no firmaban un acuerdo, lo estaban analizando.

Las sonrisas de júbilo se volvieron a marchar; ¡Falso! Con letras rojas se leía en las publicaciones de los medios, la mayoría tradicionales.

Los 17 millones de ecuatorianos debieron sentarse desconectados como cuando la selección falla un penal. Transcurrieron minutos, largos, eternos, el tic tac, emocional. Andrea Gutiérrez, comerciante, pegada en la pantalla de su celular esperando una decisión formal, se preguntaba ¿Y si no solucionan? ¿Si sigue el paro? ¿Si se desborda una guerra civil?

Las preguntas sin contestación no paraban hasta que su esposo, le dijo, «ya está, ya firmaron». Esas cuatro palabras le devolvieron la respiracion.

Salió a mirar la calle; los negocios se abrían. Caminó hasta una panadería del barrio La Estación, donde esta su vivienda. En el lugar no se hablaba de otra cosa. ¡Se acabó el paro! Fueron 18 días que se convirtieron en una especie de pesadilla colectiva. «Entiendo que la lucha de los manifestantes era para el beneficio de todos, pero la cuestión ya era insostenible», dijo.

En la familia de Andrea muchos tomaron posiciones, unos a favor de la lucha social, otros en contra, «se notó como algunos se creían superiores aquellos que viven en el campo, hubo una fractura entre todos».

Este fenómeno que describe Andrea en su familia, se presentó en todas las actividades sociales. Para la socióloga Mery Guijarro, las casi tres semanas de paralización cambiarán la cotidianidad en el país; especialmente en las provincias de la región central.

«La sociedad tomó posiciones, se paralizó de modo dramático, desde la academia, los medios de comunicación y los actores sociales se debe buscar un punto de equilibrio para no afectar el desbalance en las relaciones sociales», dijo la experta.

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