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ASÍ FUE LA ÚLTIMA FIESTA POPULAR EN SAN BUENAVENTURA, RECORDAMMOS LA VIDA ANTES DE LA PANDEMIA

ASÍ FUE LA ÚLTIMA FIESTA POPULAR EN SAN BUENAVENTURA, RECORDAMMOS LA VIDA ANTES DE LA PANDEMIA

Foto: La alegría de la fiesta popular se respiraba por todos lados.

Eran las 08:30 del domingo 14 de julio del 2019; la parada de buses desde el centro de Latacunga hasta  la parroquia San Buenaventura, tenía una inusual cantidad de personas aguardando abordar una unidad. El motivo: Las fiestas patronales en honor al Doctor San Buenaventura, que incluyen el desfile de Mama Negra.

La cantidad de gente disminuyó poco a poco, los espasmos de lluvia acompañados del aire gélido de la capital cotopaxense ayudaron ahuyentar a los viajeros que querían disfrutar del desfile cuyo inicio estuvo programado desde las 09:00.

El desfile duró aproximadamente cuatro horas, más los preparativos, para los cinco personajes principales (Mama Negra, Rey Moro, Ángel de la Estrella, Abanderado, Capitán) duraron todo el año, “todo inicia desde que nos dicen que nos eligieron como personaje, es una gran responsabilidad”, comentó Jorge Panchi que este año representó al Rey Moro.

Su trageria en la que destaca un turbante con piedras preciosas que simboliza la relación que existió entre los indios y los negros que fueron traídos para explotar las minas en Cotopaxi, le costó 1500 dólares, demoró 6 meses en confeccionarse.

Valores similares o superiores tienen los trajes de los otros cuatro personajes principales. La Mama Negra en San Buenaventura. En esta parroquia, al principio fue un festejo pequeño, pero con los años el nivel organizativo creció tanto, que el desfile del domingo concentró 40 comparsas de distintos lugares.

Fue necesaria la presencia de más de 35 guiadores, personas que visten traje anaranjado con negro y cumplen la función de coordinar la salida, ruta, y espacios del desfile. Jorge Mogro, estuvo al frente de los guiadores, calculó aproximadamente 30 mil turistas apostados en los más de 2 kilómetros de recorrido, desde el barrio Bellavista (norte) hasta el centro de la parroquia. La comparsa concluyó justo a los pies de la iglesia que acuña en su seno a la imagen del Doctor San Buenaventura, patrono de los enfermos.

Los otros personajes, que al ser secundarios no son menos importantes: huarichas, huacos, capariches, loeros, champuseros y demás le dieron al desfile la alegría con la que normalmente se vive una comparsa, su preparación también es todo un ritual.

Así lo contó Gabriel Guanoluisa, quien representó al ashanguero, personaje que dentro de la comparsa es el marido de la Mama Negra y lleva sobre su espalda un canasto con comida y licor denominado “ashanga”.

Un día antes los ahangueros se reúnen en la casa de los devotos (creyentes del Patrón que entregan sus donativos para la comparsa), para armar la ashanga, que está compuesta principalmente, por un cerdo pelado y adobado.

Armar una ashanga puede demorar hasta tres horas; en una canasta en forma cilíndrica se coloca un palo de madera muy largo para incrustar al cerdo como base principal, alrededor se coloca de la misma manera entre 10 y 15 gallinas, cuyes y conejos, botellas de licor, caramelos, cajas de tabacos, frutas como manzanas, mandarinas, naranjas, peras se incrustan también en los espacios vacíos.

Todo esto, pesa entre dos y tres quintales,  puede costar hasta 400 dólares. Los ashangueros no solo la cargan durante todo el desfile, con ella hacen maromas, bailan, dan vueltas, saltan.

“Lo hacemos con devoción, por la fe y el cariño que le tenemos a nuestro patrono San Buenaventura”, comentó Guanoluisa,  quien estuvo despierto desde las 05:00 para vestirse y  pintarse el rostro con ese negro betún con filos dorados que caracteriza a los ashangueros, negros loeros y champuseros.

Si los personajes el día de la comparsa están de pie desde las 05:00, los devotos se levantan desde las 02:00, necesitan que la comida que van a desayunar y posteriormente almorzar los miembros de la comparsa estén listos.

Sobre los grupos de devotos recae, no solo la presencia de bandas, ashangas, personajes, sino la alimentación de todos. Uno de los grupos de devotos estuvo integrado por la familia Mallita, en su casa de dos pisos, con un patio delantero, todos los miembros de la familia, desde los abuelos hasta los nietos se involucraron para preparar el caldo de gallina, ají de cuy y chicha, que son los bocadillos tradicionales para alimentar a los comensales, antes y después del desfile.

“Con mi familia llegamos para disfrutar de la fiesta, además de disfrutar de la sabrosa gastronomía”, manifestó Daniel Peñaherrera, oriundo de Salcedo. El bocadillo que degusta la familia son las tradicionales tortillas de maíz y la colada morada, que sin importar la fecha se comercializan todos los domingos  en esta parroquia.

Lorena Mesa de 34 años, es una de las ocho tradicionales vendedoras de colada morada, en la festividad tenía la expectativa de vender hasta 500 vasos de este postre andino. Pasadas las 13:00 que concluyó el desfile, los turistas empezaron a llegar a su puesto de Lorena que al igual que los demás se habían colocado alrededor de las casas que circundan la iglesia en el centro de la parroquia.

Con unos manteles blancos en su vasija de barro, Lorena evitaba que su bebida de maíz se contagie el abrazador frio que protagonizó la mañana y tarde. Sin embrago, su sonrisa cálida, acompañada de su tradicional invitación “venga a la morada” abrigaba a quienes pasaban por allí.

A 0.50 centavos cada vaso, Lorena logró vender más de la mitad de su producción hasta las 15:00. “Es un día productivo”, comentó, y así fue, no solo para Lorena, sino para los más de 400 vendedores entre formales y ambulantes que aprovecharon la festividad patronal para vender; ropa, zapatos, gorras, gafas, bebidas, frituras, juguetes, helados, comida, ponchos, etc.

Así trascurrió el domingo en la parroquia rural, ubicada a 10 minutos del centro de la capital provincial, conocida como el “Huerto de Latacunga”, dado que un 70% de sus habitantes 14 mil  se dedican al cultivo de: lechuga, col, ajo, cebolla blanca, cebolla paiteña, perejil, papas, entre otros.

Buenaventura fue declarada como parroquia urbana el 22 de abril de 1953. Sin embargo, la festividad se trasladó al 14 de julio porque, según el calendario católico, ese día está dedicado a San Buenaventura. ‘El doctorcito’, como lo llama  cariñosamente la población local, es objeto de una profunda devoción y por esa causa fue escogido como patrono de esa jurisdicción. En el templo se exhiben cientos de placas de agradecimiento.

La historia cuenta que Juan de Fidanza (San Buenaventura) nació en Italia en 1218 y fue un niño muy enfermo. Sus padres, ya desesperados, le pidieron a San Francisco de Asís que lo curara y a cambio le prometieron que tomaría los hábitos franciscanos menores. “¡Oh Buenaventura… qué maravilloso suceso!”, habría manifestado San Francisco, tras la mejoría del pequeño, por lo que a continuación adoptó el nombre de Buenaventura, cuya imagen llegó primero a la parroquia Alaquez hace 200 años.

Los lugareños aseguran que la fiesta de la Mama Negra se originó en esta jurisdicción. No obstante, los pobladores del pequeño pueblo vecino se la llevaron pues consideraban que era milagrosa. El poblado creció, adoptó el nombre de su patrono y se constituyó en lo que hoy es la parroquia San Buenaventura. Desde entonces, cada domingo a las 11:00, solo el día de la comparsa se realiza a las 13:00.

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