Su anuncio aquí, espacio disponible
Su anuncio aquí, espacio disponible
Su anuncio aquí, espacio disponible
Previous
Next

A veces, ser informal no es una opción es una obligación

A veces, ser informal no es una opción es una obligación

Los sectores céntricos de la urbe son los más visitados por mercaderes ambulantes.

Desde las 17:00 de cualquier día, zonas céntricas de Latacunga, se vuelven coloridas y dinámicas; pero no se trata de una festividad; es la cantidad de personas que se apostan en las calles, ofreciendo los más variados productos, que van desde frutas, hasta ropa, calzado, artículos de oficina, utencillos de cocina, adornos para el hogar y demás.

Conforme avanza la tarde y noche, el tumulto se vuelve más denso; las normativas de distancia social, se vuelve un requerimiento que queda gravitando en el cosmos, a nadie le interesa cumplirlo, la consigna es vender, sí o sí.

Con una mochila llena de productos y unas ocho correas de cuero en sus manos, Juan López, las ofrece a los transeúntes; la mayoría pasa sin prestar mayor atención, “la situación está complicada, no se vende ni la mitad que antes”, cuenta refiriéndose al inicio de la pandemia.

Sin embargo, no pierde la esperanza, continúa con su oferta, en la esquina de la parada de los buses que avanzan al barrio San Felipe (occidente de la urbe), justo en la plaza Rafael Cajiao (sector El Salto), un hombre de mediana edad, se interesa por su producto, pregunta el precio; las correas que vende van desde los 5 dólares hasta los 20 dólares, las que se consideran de mejor calidad. “Si hay rebaja mi joven” le insiste Juan a su posible comprador.

A las 18:00, si se concreta la venta, sería, a penas, la tercera del día que está por terminar. Sin embargo, el cliente no se anima y la venta se cae.

Así son todos los días para Juan, oriundo del cantón Pillaro – Tungurahua, quien llega los martes, viernes y sábado a Latacunga en busca de ingresos que le permitan subsistir a él, su esposa y tres hijos, de ocho, tres y un año.

Su historia de informalidad es relativamente nueva, antes de la pandemia el joven de 29 años, comercializaba su mercadería en su ciudad, pero desde la caída astronómica de las ventas, se vio forzado a ver en las calles un sustento.

Su labor termina con el día, hace sus intentos por vender su mercadería hasta las 21:00 o más tarde. Aunque no es la mejor opción por los peligros que esta representa, no piensa dejarla, pues por ahora es su único medio de vida.

“La venta bajo mucho y es comprensible, con la situación económica, la gente ya no compra ropa ni accesorios, alimentarse es la prioridad”, de ahí que analiza junto a su esposa Josselyn, el emprender con la venta de comida.

La historia de Juan no es aislada, se repite como se repiten los operativos de control municipales para retirar a los informales de la calle. Víctor Salinas, comisario municipal, es “el verdugo” de los informales, su labor es impedir que inunden las calles.

Sin embargo, para Salinas no le es del todo indiferente la realidad que viven día a día, personas sin más opciones que volcarse a las calles a vender, “son realidades difíciles, muchos perdieron sus empleos”, reconoce la autoridad.

Pero, pese a esta realidad, los controles no se pueden detener, muchos ciudadanos exigen control, se sienten inseguros con los tumultos, las ventas; aunque, pocos comprenden, que es una realidad que no se puede cambiar de la noche a la mañana.

Aliados estratégicos

Noticias Relacionadas

Abrir chat
1
Necesitas ayuda?
Contáctate con nosotros
Hola, en qué podemos ayudarte?