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A un año de la pandemia latacungueños cuentan su historia

A un año de la pandemia latacungueños cuentan su historia

Foto: En la ‘hidalga ciudad de León’ la normalidad llega de a poco.

María José Peña es una joven de 17 años, el año anterior, cruzaba el tercer año de bachillerato; pese a que, en febrero se descubrió el caso cero de Covid – 19 en el país, la adolescente consideró que todo continuaría normal, incluso planificaba festejar su graduación con sus primos en la capital. Nunca se imaginó lo que estaba por venir.

Cuando el 12 de marzo de 2020, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) Nacional, suspendió todas las actividades, incluyendo las académicas, los niños y jóvenes empezaron con el ahora famoso telestudio. María José pensó se trataría de un par de semanas, pero estas se convirtieron en angustiantes meses.

“Graduarme por Zoom, sin ver a mis amigas, profesores, sin fiesta, fue un balde de agua fría, a nuestra generación se nos arrebató algo muy importante”, confesó la joven, que inició sus estudios en Ingenieria Ambiental, en un centro de educación superior particular.  Lamenta que hasta ahora no conozca a sus compañeros de forma personal y también lamenta no poder hacer una vida normal, considera que la vida “se le está yendo”.

No solo la vida, muchas personas durante el confinamiento perdieron sus empleos, es el caso de David Cando, quien en noviembre de 2019 empezó a trabajar en una empresa maderera de Quito – Pichincha, todo marchaba bien, hasta que llegó el confinamiento.

“Nos mandaron a casa, con la promesa de llamarnos cuando se levante la restricción, nadie se imaginó lo que vendría”, dijo el joven de 29 años, oriundo del barrio San Felipe, a quien en mayo de 2020 se le notificó que ya no iba ser reincorporado a su trabajo, debido a que, varios de los pedidos fueron cancelados, la producción se varó completamente.

“Supimos que en julio entró en un proceso de liquidación”, contó con cierta angustia, pues esta no fue la única empresa que quebró, llevándose consigo las oportunidades laborales, cada vez más escasas.

En la actualidad David se cansó de buscar trabajo, y con los pocos ahorros que tiene, busca materializar alga de sus ideas para emprender. Sabe que el camino no es fácil, pero “el que no arriesga no gana”.

Precisamente, no tenerle miedo al riesgo, fue uno de los atributos que le sirvió a Marcela Chango, quien durante los primeros meses de pandemia comenzó a elaborar mascarillas. Su historia es distinta, pues durante los días más duros, su olfato para los negocios le ayudó sobresalir.

En abril de 2020 Marcela pensó en darle uso a la máquina de coser de su Madre y a las habilidades que ella adquirió en la secundaria, cuando se graduó de la especialidad de Corte y Confección.

“Las mascarillas eran escasas y caras, entonces vimos una telas, no lo pensamos dos veces, comenzamos la producción. Ahora ya tenemos clientes fijos, nos va bien”, contó la mujer de 42 años, madre de tres hijos, que en la actualidad se enrolaron en emprendimiento; ayudan desde la producción hasta la distribución.

 Marcela considera que lo malos momentos, no son para lamentase, son para buscarle salidas. “Nos tocó vivir esta pandemia, pero debemos recibirlo como una experiencia para crecer”, fue el mensaje de la latacungueña.

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